') ')


Alejandro Gonzalez | 2:00

Un insulto tiene tanto poder como un asesino y un fin en el infierno

Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. (Mateo 5:21-22)
En estos dos versículos que analizaremos en nuestro programa radial Nueva Vida y los cuales se encuentran en la enseñanza dada por Jesús de como debemos llevar nuestras ofrendas ante Dios podemos leer algo que llama muchísimo la atención y es la comparación entre el usar un lenguaje que ofende a un hermano y un asesinato, al punto que en concordancia con el hermano Mario Keiniger podríamos caratularlo como 'asesinato de lengua' al llamar a nuestro hermano necio y/o fatuo (imbécil y renegado o impío).

Muchos de los creyentes que hemos nacido en familias no convertidas hemos vivido de una forma común el escuchar desde la niñez la palabra 'imbécil' (necio) como un insulto. Desconociendo sin embargo el poder que tienen las palabras para marcar el futuro de una persona. 

Tanto cuando decimos estas palabras con un enojo injustificado y malicioso en algún altercado como cuando las decimos de una forma aparentemente mas inocente son consideradas pecado pues como hemos visto en el párrafo anterior no es de edificación ni a quien se la decimos, ni para nosotros. Mas aun teniendo en cuenta que recibiremos lo que demos o sembremos: si maldición, maldición; si bendición, bendición. Continuando con el estudio de estas dos palabras que se utilizan en este versículo y las cuales engloban una actitud perjudicial para el cristiano, trataremos de aclarar un poco mas la idea o conceptos que cada una de ellas tiene para la vida del creyente: 

En primer lugar la palabra "necio" (gr. rhakâ; una transliteración del aram. rêqâ [raka] "necio [vano, insensato]", "cabeza hueca [huero]") es utilizada para describir a la persona falta de inteligencia y de sabiduría aunque en este caso en particular Jesucristo le acreciente su significado al considerarla una palabra de desprecio al "hombre" (a la creación de Dios) el cual esta hecho a imagen de Dios al ser esta palabra nacida del orgullo, la autosuficiencia y el fingimiento de ser "ateo" para echar a un lado a Dios y equivale en el idioma español a 'imbécil'.

Fatuo (gr. Moros) denota primariamente obtuso, lento (de una raíz mu, ser tonto); de ahí, estúpido, ignorante, insensato. (Mt 5.22: «fatuo») aquí el término significa moralmente indigno, truhán; un reproche más serio que «Raca» o «necio». Esto último escarnece la mente de un hombre, calificándolo de estúpido; tratar de 'moros' al hermano es atacar su corazón y carácter; de ahí que el Señor lo condene con mayor severidad. [Dicc. Vine 1099]

Algo que también es importante recalcar y que fundamenta el 'para que' trate de aclarar los conceptos de estas dos palabras es el porque Cristo indica que el llamar Fatuo (insensato) a un hermano nos pone en la condición de 'ya ser condenados' al infierno. Para eso me pareció oportuno citar lo escrito por el predicador Mark A. Copeland quien nos contesta ¿Cuál es la relación entre matar, enojarse, e insultar? y ¿por qué conecta Jesús el enojarse y el usar lenguaje ofensivo con el matar?

Primeramente "porque muchas veces el enojado quiere matar o perjudicar (medio matar) al objeto de su ira, y [el enojado] conocerá cuáles serán las armas más eficaces para lograr su propósito". Con respecto a lo que "dice Cristo que los culpables de enojarse y de usar lenguaje insultante quedarán expuestos al juicio más severo (el infierno) al igual que los homicidas. ¿Por qué? 1 Jn. 3:15, porque 'todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en el'", destaca Copeland en su sermón.

Es decir Jesús llamo la atención sobre modos de expresar que eran utilizados por los ciudadanos de esos tiempos bíblicos tales palabras como "necio", "fatuo", "estúpido", "tonto", "idiota", en la actualidad podrían ser intercambiadas por otras mas actuales y comunes de escuchar para insultar y despreciar a otra persona. En fin Jesucristo figuro con palabras -así como cuando les enseño a sus discípulos un patrón de como debían orar al Padre- un enojo que iba pasando de castaño claro a oscuro en donde la ira comenzaba a tomar las almas y hacer salir de cause la discusión para convertirla en pelea. La fuerza de algún apodo o epíteto depende de cómo suena a los oídos de la persona insultada. Si hay odio y enojo en el tono de voz del que habla, tales insultos hieren y lastiman aun más.

No obstante si caemos en esta mala actitud, enojandonos desmedidamente con nuestro hermano a no preocuparse -a todos nos paso alguna vez- pues tenemos abogado fiel y justo ante el Padre, teniendo en cuenta la maravillosa Gracia de Dios la cual nos da la fortaleza de arrepentirnos y confesar nuestro pecado e ir inmediatamente a arreglar cuentas en el Amor de Cristo con el hermano a quien hemos herido con nuestras palabras procurando la reconciliación para la edificación del Cuerpo de Cristo.

Cuida tus palabras, tu eliges. Con tus palabras puedes manipular o ser una plataforma de lanzamiento para tu hermano. 

¿Tu que harás?


(Fuentes: Devocionales de MARIO KEINIGER, Sermones de Mark Copeland, Diccionario Vine, Diccionario Bíblico Nelson) Este articulo fue publicado originalmente el 03/06/2014 y reeditado el 19/12/2015

Sin comentarios

No hay comentarios. ¡Sé el primero!
Gracias por dejar tu comentario. Dentro de un rato podrás verlo. Bendiciones.