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Alejandro Gonzalez | 1:34

¿Pero cuándo encontraré pareja?


Estando sentado veo pasar una pareja cristiana... que me saluda, alguien me comenta al darse cuenta de quien se trataba que la chica en cuestión había sido ex-novia de otro hermano por lo que me dije para mis adentros -para no murmurar y caer en pecado tan grosero pero común en la iglesia- ¿que pasaría si dentro de un tiempo el joven ya no quisiera estar con ella?. Se que es un pensamiento muy conservador para los tiempos actuales pero... no por eso deja de ser confrontativo con la verdad.

No obstante esta dureza podría ser ablandada poniendo de excusa que por tratarnos de gentiles hay cosas de las cuales estamos exentos de cumplir -algo para el debate- pero al igual que lo dicho por el apóstol Pablo el ser cristianos nos obliga a movernos con cuidado si queremos ser bendecidos, pues aunque todo nos esta permitido no todo nos es licito.

Por el otro lado están aquellos que se pasan contando las horas, minutos y segundos esperando a su media naranja -al entender que su vocación es la matrimonial-, que ha nacido para estar felizmente casado/a y que ahí afuera se encuentra una persona que por sus cualidades, virtudes y defectos, lo ayudará a llegar al cielo y cae en la impaciencia y desesperanza al no encontrarlo. 

El siguiente articulo escrito por Martha Asto para Aleteia.org tratara u hará énfasis sobre el segundo caso pero para no dejar sin respuesta el primer caso expuesto al inicio de este articulo y así entender el final de la nota escrita por Marta Asto, diremos en un principio que puede ser que esa liviandad en el tratamiento de la vida sentimental de los jóvenes puede deberse a la inseguridad de encontrar pareja en un futuro o al aceptamiento como algo normal de los preceptos del mundo. Aunque en ambos casos estamos hablando del mismo pecado: la fornicación y de esta forma se esta lejos del Plan de Dios.

En fin es cierto que el Señor nos conoce en totalidad; que sabe de nuestros pensamientos y sentimientos, de nuestros sueños y grandes anhelos; es quien desea y se preocupa, incluso más que nosotros, de que seamos felices y vivamos una plena alegría y paz en nuestros corazones. Aunque nos resulte difícil de entender cuando las hormonas de la juventud bullen en nuestro cuerpo, esto es así. 

Si verdaderamente lo creemos, porque sabemos que Dios es Amor, que venimos del Amor y vamos hacia el Amor; que todo lo que buscamos lo encontraremos en Él, ¿como dudar entonces de su Plan?

Es cierto que, en este mundo, es muy difícil creer que existan aún personas dispuestas a amar de verdad, a valorar, respetar, buscar el bien, etc. , pero también es cierto que nosotros somos parte de este mundo y que, por lo tanto, nuestras propias decisiones también tienen repercusiones en él.

Todo lo que hagamos nos afecta, no sólo a nosotros, sino a los demás, a los que nos rodean, incluso a la naturaleza. De ser así, depende mucho de nosotros que este concepto del mundo cambie. Para eso, se debe de empezar por uno mismo.

No se trata de que “porque todos son así”, yo soy así… o “como nadie está dispuesto a amar”, yo renunciaré a mi anhelo de ser amado(a). Si todos tuvieran esa mentalidad, el mundo simplemente no existiría.

Sin embargo la resurrección del Señor Jesús le dio sentido a su Crucifixión. No hay Gloria sin Cruz y, si hay Cruz, es porque es posible la Gloria. Esta es la razón por la que, hasta el final de nuestras vidas, debemos de luchar por amar y ser amados de verdad, porque fue Cristo quien al morir por nosotros nos mostró su infinito amor, un amor de hombre, de humano, un amor al cual todos estamos llamados a vivir.

¿Qué mejor que trabajar en nosotros mismos, que empezar a fortalecer nuestras virtudes y disminuir nuestros defectos, y preocuparnos en ser la persona ideal para aquel que estará dispuesto a amarme?

Todos necesitamos crecer como personas, en amor y en virtudes. Necesitamos fortalecernos con el amor de Dios, curar nuestras heridas, perdonar y pedir perdón, para que el día que Él ponga en nuestra vida, en nuestro caminar, a la persona indicada y pensaba para nosotros, podamos darle lo mejor de uno mismo y amarla sin residuos de nuestras heridas, amarla con autenticidad, sin egoísmos, amarla con un amor de Dios, uno perfecto y sin manchas, amarla de manera incondicional y total.

Así, cuando somos personas virtuosas, que respetan y exigen respeto, que aman y buscan ser amadas, que valoran y piden que las valoren, sólo quienes estén dispuestos a entrar a sus vidas serán aquellos que respeten, amen y valoren, porque los que no, simplemente, ni se acercarán.

En cambio, si nos dejamos envolver en el pecado, si no nos preocupamos por amar, si no nos ponemos medios concretos para ser mejores personas, si usamos y nos dejamos usar, sólo estaremos rodeados de eso y no conoceremos más. Nuestra vista quedará muy corta, estaremos ciegos frente a la verdad y nos desviaremos del camino que nos lleva a la eterna felicidad, la cual anhelamos y seguiremos anhelando hasta el final de nuestras vidas.

* Articulo original por Martha Asto. Editado por VCM.

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